(DES)ENREJAR

(UN)FENCING

SOBRE ESTE PROYECTO

El coco recorre la ciudad Latinoamericana: el fantasma de la inseguridad y la violencia. Todas las fuerzas de arcaicas convicciones (ahora renovadas) han aprovechado estos espectros para rearticular nuestros entornos: cámaras de vigilancia y sus fuerzas de seguridad, desinversión pública y desregulación especulativa, rejas metálicas y todo muro que defiende la propiedad a toda costa.

¿Por cuánto tiempo seguiremos construyendo de la misma forma; usando las tipologías propugnadas por poderíos verticales? ¿Por qué seguimos cayendo en la trampa de las rejas, cuando hemos logrado avanzar tanto en la construcción de alternativas organizacionales y materializar iniciativas para la reactivación ciudadana?

De esta encrucijada resulta una doble proposición:

Un urbanismo que busque reexaminar la permeabilidad y el dinamismo que pueden contraer los límites de nuestros espacios colectivos, así como la capacidad del ciudadano de transformar directamente sus infraestructuras fundamentales, para así negociar con el coco desde nuestras capacidades culturales.

Una arquitectura que reinvente la reja (arquetipo inconsciente de construcción urbana) como recurso separador y de exclusión, a un dispositivo espacial que incentive la congregación mesurada, el fortalecimiento de lazos sociales y la actividad pública, funcionando así como un instrumento de transfiguración de lo público. 

Ya es hora que los ciudadanos reclamen su capacidad de actuar en sus espacios: que se opongan al coco a través de un manifiesto material que trascienda un control central.

Con este fin, pensadores y activistas se podrán reunir en Ciudad de México para articular este posible manifiesto, bajo la búsqueda de rehacer el umbral de lo común.

ABOUT THIS PROJECT

The boogieman runs through the Latin American city: the ghost of insecurity and violence. All the forces of archaic convictions (now renewed) have taken advantage of these specters to rearticulate our environments: surveillance cameras and their security forces, public disinvestment and speculative deregulation, metal fences and every wall that defends property at all costs.

For how long will we continue to build in the same way; using the typologies advocated by vertical powers? Why do we continue to fall into the trap of the fence, when we have managed to advance so much in the construction of organizational alternatives and materialize initiatives for citizen reactivation?

From this crossroads a double proposition results:

An urbanism that seeks to reexamine the permeability and dynamism that the limits of our collective spaces can contract, as well as the capacity of citizens to directly transform their fundamental infrastructures, in order to negotiate with the boogieman from our cultural capacities.

An architecture that reinvents the fence (unconscious archetype of urban construction) as a separating and exclusionary resource, onto a spatial device that encourages measured congregation, the strengthening of social ties, and public activity, thus functioning as an instrument for transfiguring the commons.

It is time for citizens to reclaim their ability to act on their spaces: to oppose the bogeyman through a material manifesto that transcends central control.

To this end, thinkers and activists will be able to meet in Mexico City to articulate this possible manifesto, in the quest to remake the threshold of the common.